Tremenda atrocidad la de dejar a alguien encerrado en un vehículo e irse a hacer recados, ¿cierto? Se conocen casos en los que la víctima ha sido una persona anciana, un bebé y, muy a menudo, un perro. Esta práctica tan irresponsable, ha causado muchas muertes y aun así, parece que no acabamos de concienciarnos al respecto

Cuando la víctima es humana, los protocolos de actuación se encuentran más definidos y cualquier actuación ciudadana al respecto enfocada a salvar la vida de ese ser humano, será fácilmente premiada (aunque el riesgo de responder por los daños patrimoniales causados al vehículo lo asumiremos igualmente). Cuando la víctima es un animal no humano, habitualmente cae en picado el interés y el esfuerzo de la Administración Pública por actuar, así como su consideración de heroicidad hacia la actuación de quien ha hecho lo necesario por evitar la desgracia.

Por todo ello, os traigo diez consejos básicos; una humilde pauta de actuación para este tipo de situaciones. Yo la he utilizado, personalmente. Clientas y compañeras activistas también. Me consta que, hasta donde llega mi conocimiento en la actualidad, es por el momento la mejor forma de afrontar esta circunstancia en la que el animal, si no actuamos con diligencia, sufrirá daños que pueden ser irreversibles. Todo ello, sin olvidarnos de tomar el máximo de medidas para nuestra seguridad, previniendo en lo que sea posible las consecuencias legales (que no justas) que podríamos afrontar en el futuro, debido a nuestra valentía.

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Empezamos:

  1. En cuanto advirtamos la situación, documentémosla: grabemos el coche, por dentro y por fuera (que se vean la marca, el modelo, la matrícula, la zona en la que se encuentra aparcado, que las lunas se encuentran subidas o bajadas de forma insuficiente, el animal en el interior…).
  2. Pidamos amablemente a gente de la zona y/o a nuestros acompañantes que hagan de testigos: que se queden a presenciar toda la situación, que observen al perro, miren qué hora aproximada es, si hace calor, cuánto rato lleváis allí, etc.
  3. Que, al menos una de esas personas (la más cercana o de mayor confianza, si la hay) grabe todo lo que sucederá a continuación.
  4. Llamaremos a la policía local (o al teléfono de emergencias) y, a ser posible, grabaremos la llamada (solo por si es necesaria posteriormente para temas judiciales, en ningún caso para su difusión). Puede instalarse una aplicación en el teléfono que grabe llamadas automáticamente. En ella, explicaremos únicamente que: estamos en la dirección xxx, delante de un coche de marca xxx, modelo xxx y matrícula xxx, que se encuentra totalmente cerrado (o «con las puertas cerradas, así como tres lunas subidas totalmente y una insuficientemente bajada», lo que describa la realidad), que en el interior se encuentra un perro (o los que sean) sufriendo una temperatura muy alta, corriendo su vida grave peligro y desde hace, como mínimo xxx horas (el rato que hayamos podido comprobar porque es el que llevamos allí o porque nos lo dicen los vecinos o personas que nos han dado el aviso) por lo que solicitamos se personen agentes para abrir el vehículo de inmediato y acceder al animal, así como se realicen las diligencias necesarias para localizar al propietario mientras tanto. Importante: antes de colgar, añadiremos algo así como: «Si los agentes se demoran en exceso y el animal empeora, me veré obligado/a a romper una luna yo mismo/a con el único fin de acceder al animal, les dejo mis datos por si localizan al propietario, porque si se encuentra en muy mal estado me acercaré a un veterinario.
  5. Colgaremos y, efectivamente, según veamos al animal, esperaremos unos minutos a los agentes o romperemos la luna del vehículo y rescataremos al animal. 
  6. Si han llegado los agentes a tiempo, solo deberemos asistirlos en aquello que necesiten, así como asegurar el destino del perro tras el acceso al mismo (no siempre existe un protocolo para ello y a menudo el destino del animal es incierto).
  7. Si los agentes se demoran y el animal empeora, romperemos la luna (recordemos que alguien lo estará grabando todo y que, si es posible, tendremos testigos) menoscabando lo mínimo posible el vehículo y accederemos al animal, ofreciéndolo aquello que necesite para recuperarse (desde solo ventilación, agua y unos minutos para reponerse, hasta atención veterinaria de urgencia. La factura podrá ser posteriormente reclamada, si lo deseamos, al propietario del animal). Es importante que, si posteriormente el propietario del vehículo nos denuncia por la rotura de la luna, podamos acreditar que nuestro ánimo era únicamente el de ayudar al animal, y en ningún caso el de robar o destruir su propiedad.
  8. Si nos hemos llevado al animal al veterinario sin que sea conocido por los agentes, deberemos comunicarlo.
  9. En cuanto el animal se encuentre a salvo o si, desgraciadamente, fallece, interpondremos la denuncia pertinente ante las autoridades correspondientes (agentes o juzgado de guardia).
  10. Recordaremos que el peligro es mayor en verano, pero que en otras épocas del año también puede suceder, motivo por el cuál nunca miraremos hacia otro lado cuando veamos a alguien que no puede valerse por si mismo, encerrado en un coche.
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