La tenencia responsable de animales considerados de compañía en las Comunidades de Propietarios

dog-1150055_640

El concepto principal que debemos comprender si afrontamos el estudio de la tenencia responsable de animales en las Comunidades de Propietarios es el de “convivir”, entendiendo por ello el vivir en compañía de otro u otros. Dicha convivencia hace preceptiva la necesidad de establecer unas normas básicas de comportamiento que, en el caso de las Comunidades de Propietarios, limitarán nuestra libertad de actuación (e indirectamente la de los animales con quienes vivimos) para garantizar el correcto desarrollo de la vecindad.

Por todos es sabido que los animales considerados de compañía tienen un papel muy relevante en nuestra sociedad, formando parte de más de la mitad de hogares españoles. A lo largo de los años, numerosos estudios han demostrado que concretamente el perro, con más de cinco millones de individuos censados en nuestro país, es el animal más elegido por las familias que desean compartir su vida con otras especies junto con los gatos, cuya cifra de individuos censados en España en el año 2013 se acercaba a los cuatro millones (siendo todos conscientes de que los gatos no suelen censarse, por lo que podemos presumir que el número de ellos conviviendo con humanos podría perfectamente duplicarse en la realidad).

Prohibición de tenencia de animales en Comunidades de Propietarios

No es un hecho aislado la existencia de conflictos vecinales motivados por quejas sobre los ruidos, olores u otras molestias causadas por determinados animales. Por ello, a lo largo de los años, ha ido tomando relevancia la práctica de acordar la prohibición de la tenencia de animales en determinadas fincas. Ello suele hacerse mediante acuerdo comunitario por unanimidad o, por otro lado y en el caso de arrendar la vivienda, incluyendo la cláusula de prohibición en el contrato de alquiler. En el primer caso, será necesario elevar dicho acuerdo a público haciéndolo constar en los estatutos registrados de la Comunidad, con el fin de que pueda tener efecto ante terceros (futuros propietarios de viviendas sitas en dicha finca que puedan consultar la existencia de dicha prohibición antes de decidir comprarla).

Si bien es cierto que a lo largo de los últimos años se han utilizado dichos mecanismos para intentar prohibir la estancia de animales no humanos en viviendas integrantes de las Comunidades de Propietarios, también lo es que existe una corriente cada vez mayoritaria que entiende que dichos mecanismos invaden la esfera privada y contravienen los derechos individuales de cada propietario. Por ello, cada vez es más común que los acuerdos (menos comunes de lo que socialmente se cree, por ser necesario tomarlos por unanimidad) por los cuales se prohíbe la tenencia de animales en determinadas fincas o las cláusulas prohibitivas incluidas en contratos de alquiler, sean satisfactoriamente impugnados ante los Tribunales. Veamos por qué.

La ley que regula en España la Propiedad Horizontal no prohíbe, de ninguna forma, la tenencia de animales. Lo que sí hace es permitir a los Ayuntamientos establecer, mediante ordenanza municipal, un número máximo de animales por vivienda. Además, sí prohíbe dicha ley que los propietarios u ocupantes de las viviendas desarrollen en ellas o en las zonas comunes o privativas de la Comunidad, actividades que estén legalmente prohibidas por los estatutos o que sean molestas, insalubres, nocivas, peligrosas, ilícitas o dañen, sea como fuere, el inmueble.

Solo bajo dichas premisas podría prohibirse la estancia de animales concretos en la finca, siendo éstos aquellos que realicen las actuaciones que generen las molestias mencionadas, no pudiéndose prohibir la tenencia general, sino la estancia únicamente de dicho animal. Además y especialmente para el caso de los contratos de alquiler, deberemos diferenciar entre la prohibición de tenencia y la prohibición de posesión, puesto que en la segunda se trata, por parte del propietario, de prohibir incluso las visitas puntuales de animales a nuestra vivienda (por ejemplo, nuestros padres con su perro). Es imprescindible que negociemos estos puntos con el arrendador, si no queremos terminar ante un Juez, encontrándonos además ante la inseguridad jurídica de que estos asuntos presentan dudas y existen corrientes jurídicas muy encontradas al respecto.

Por todo lo expuesto, debemos ser rigurosos con la responsabilidad con la que ejercemos la tenencia de los animales con los que vivimos, siendo posible que, de no cumplir con las normas básicas de convivencia, un Juez nos prohíba vivir con nuestro perro o gato (que son las especies con las que mayor conflicto vecinal se genera actualmente). Por ello, deberemos tener en cuenta varios comportamientos que no debemos fomentar, permitir o ejercer con nuestros animales, a saber y sin ser una lista numerus clausus, dejarlos deambular libremente por el edificio fuera de nuestra vivienda, dejarlos miccionar o defecar en dichas zonas, permitir que menoscaben mobiliario, estructura o similares en el edificio, permitirles ladrar/maullar durante las horas de sueño o durante el día de forma descontrolada, no mantener una higiene adecuada causando molestos olores o incluso creando riesgo de plagas de parásitos o similares, etc. Todo ello podría llevarnos a un desenlace muy desafortunado que deberíamos afrontar fruto de nuestra irresponsabilidad como poseedores de animales a raíz de lo cual tenemos derechos pero también obligaciones.

Prohibición de estancia de animales en zonas comunes o privativas

Por otro lado, sí es doctrinal y jurisprudencialmente más aceptada la prohibición de estancia de los animales en zonas distintas a la vivienda en si misma. Ascensores, patios de luces, aparcamientos, zonas de piscina o columpios, jardines y similares suelen crear gran parte de los conflictos existentes actualmente.

En este caso, será en el Reglamento de Régimen Interior donde los vecinos deberán, mediante acuerdo aprobado en Junta, prohibir el acceso de determinados animales a ciertas zonas del edificio. En estos casos y especialmente si se acredita un motivo razonado (las molestias o los daños provocados por los animales), será más posible la victoria de la Comunidad contra el propietario que sí quiere disfrutar de todo su tiempo posible al lado del animal con el que vive. Por ello, antes de comprar o alquilar un piso, deberemos investigar minuciosamente los ideales vecinales entorno a este asunto.

Conclusión

Siendo más de 75 millones los hogares en Europa en los cuales se convive con un animal considerado de compañía, entendemos que sea menester regular la tenencia responsable de los mismos en su relación con los humanos. Por ello, además de cumplir toda regulación administrativa existente sobre tenencia de animales en cualquier ámbito que afecte a los de la especie con la que vivimos, deberemos atenernos a las normas básicas de convivencia aplicables a la Comunidad de Propietarios de la que formemos parte (sea como propietario o como ocupante de una de las viviendas que la integran). De lo contrario, podríamos ser llevados ante los Tribunales con el riesgo de ser condenados a la prohibición de convivencia con otros animales en dicha finca. Sin embargo, es discutible la prohibición genérica que a menudo establecen arrendadores y Comunidades de Propietarios a la tenencia o posesión de animales, considerándose cada vez más que ello interfiere en las libertades individuales y la esfera privativa de cada uno de nosotros.

En todo lo mencionado, relativo a la legislación estatal, estaremos también al caso de la legislación autonómica que pueda existir en la comunidad en la que residimos. Dicha legislación nunca podrá contradecir la estatal, pero sí mejorarla. Por ese motivo deberemos atenernos a cada caso concreto antes de decidir cómo actuar frente a conflictos vecinales causados por la tenencia de animales considerados de compañía.

Es importante que el civismo prime nuestras relaciones de convivencia. Así, quienes convivan con animales deberán ser responsables y considerados con aquellas personas que no sientan la misma complicidad con ellos que nosotros, debiendo a su vez el resto de comuneros respetar a quienes no contemplamos una vida sin otros animales cerca, responsabilizándonos de ellos y evitando causar perjuicios a terceros.

    1 Comentario

Deja Una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.