La falta de consideración moral hacia los animales no humanos: el especismo

Imagen: Pawel Kuczynski
Imagen: Pawel Kuczynski

 

Para empezar, cabe aclarar que entendemos por moral aquél conjunto de creencias, costumbres, valores y normas de una persona o de un grupo social, que funciona como una guía para obrar. Así, será la moral la que nos orientará acerca de aquello que es correcto y aquello que no lo es. Existe un debate extendido sobre si debemos considerar moralmente a los demás animales, los no humanos o, por el contrario, si solo los animales de nuestra especie somos merecedores de tal privilegio.

Gracias a varios autores, entre ellos algunos destacados como Óscar Horta, Tom Regan o Peter Singer, hemos podido acceder a una definición de especismo concreta y trabajada, por la cual entendemos que se trata de la discriminación de aquellos que no pertenecen a una especie determinada.

Por otro lado, nos encontramos con el antropocentrismo, que implica que los intereses de los seres humanos son aquellos a los que debemos prestar atención moral por encima de todo. Así, conformamos el concepto de especismo antropocéntrico, haciendo éste referencia a la discriminación de aquellos que no pertenecen a nuestra especie, la humana. Infravaloramos sus intereses y ello nos empuja a tomar una actitud de discriminación que perjudica a todos aquellos individuos del reino animal con quienes no compartimos especie.

El grueso de los humanos somos agentes morales, al menos en la sociedad occidental actual. Por ello, entendemos que todos los seres humanos debemos recibir un trato igualitario puesto que gozamos de una idéntica consideración de intereses. ¿Sucede lo mismo con los demás animales? Desgraciadamente y a nivel general, todavía no.

La educación recibida desde el inicio de nuestras vidas es especista. La cultura que nos envuelve, lo que emana de los medios de comunicación, las tradiciones sociales y familiares e incluso el currículo oficial mayoritario de escuelas, institutos y universidades nos ayudan desde bien pequeños a construir un muro que nos separa de las demás especies animales. Por ello, llegamos a sentir que ni tan siquiera nosotros somos animales, sino una especie de entes independientes llamados humanos, que no forman parte ni del reino animal, ni del vegetal, ni del mineral.

 

 

Todo este prejuicio que vamos asumiendo con el paso de los años nos lleva a considerar a los animales no humanos como meros recursos a nuestra disposición, como productos, como mercancías. Lo que a menudo se nos olvida es que los seres humanos de edad temprana y las personas con diversidad funcional intelectual importante no son agentes morales (puesto que no disponen de la imprescindible capacidad de decisión), así como consideramos que no lo son los demás animales, pero no por ello los excluimos de nuestro círculo de consideración moral ni infravaloramos sus intereses. Aquí, pues, podríamos decir que somos incoherentes.

Llegados a esta conclusión, se suscita la duda de si debemos considerar moralmente a los demás animales porque ellos como individuos son merecedores de que demos importancia a sus intereses e incluso los igualemos a los nuestros o, por otro lado, deberíamos hacerlo porque ello es una virtud moral de nuestra especie. Algunos autores que han argumentado al respecto, como Steve Sapontzis, consideran que “al considerar no sólo a los seres de una cierta especie, sino a todos los animales con la capacidad de sufrir y disfrutar, estamos ampliando el dominio de lo que puede ser nuestra acción virtuosa.” Esta visión, si nos paramos a examinarla, podemos observar que tiene una base antropocéntrica, puesto que de nuevo lo importante somos nosotros, nuestra especie y no dejar de ser agentes morales con una actitud virtuosa.

Lo cierto es que el argumento de la capacidad de sufrir como baremo para considerar debida o no la consideración moral hacia algún individuo, está muy extendido. ¿Hasta qué punto es dicha capacidad lo único que debemos tener en cuenta a la hora de elegir los intereses de quién tomamos en consideración y los de quién no? En pleno siglo XXI está científicamente reconocida la capacidad de sufrir de los animales vertebrados e incluso de algunos invertebrados, como los cefalópodos (especialmente pulpos, sepias y calamares), así como se duda todavía sobre dicha capacidad en los crustáceos. Esto debería ser suficiente para que los humanos no consideráramos virtuoso un comportamiento que los perjudicara, que les hiciera sentir dolor (físico o emocional/psicológico).

Aun así, por si todavía no bastara con dicho argumento, diversos estudios de etología cognitiva han demostrado a lo largo de los años que los animales no humanos no solo sufren, sino que tienen intereses, voluntad, conciencia de aquello que les rodea y capacidad de sentir miedo y alegría, entre otras emociones que solíamos atribuir solo a los seres humanos. Por todo ello podemos sostener la teoría de que sí debemos incluirlos en nuestro círculo de consideración moral.

Así, como hemos visto, los seres humanos hemos tendido mayoritariamente a no considerar moralmente a los demás animales debido a un prejuicio creado con el paso de los años, a través de la educación y del entorno social en el que nos encontramos. Todo ello, conocido bajo el nombre de especismo antropocéntrico, causa un grave perjuicio a los animales no humanos. Afortunadamente, la ciencia ha seguido investigando y se ha acreditado de forma irrefutable la capacidad de sufrir de casi todas las especies animales, así como la existencia de voluntad e intereses en ellos. A raíz de dichos descubrimientos, han incrementado los humanos que entienden que todos los animales deben formar parte de nuestro círculo de consideración moral y que no debemos infravalorar sus intereses ni considerarlos algo, en vez de alguien.

    4 Comentarios

  1. Raquel M
    21 diciembre 2017
    Responder

    Me parece un artículo estupendo! Creo que es importante que se extienda este pensamiento basado en la ética, la moral, la empatía, y el respeto; que produzca “apertura de mentes” y además, lo haga con buena información. Un placer leer así.

    • 21 diciembre 2017
      Responder

      Vaya, muchísimas gracias Raquel. No era un artículo jurídico, pero me sentía en la necesidad de publicarlo. Al final, para mí es la base del Derecho Animal, de algún modo… Así que me alegro de que te haya resultado interesante. Gracias por plasmarlo en tu comentario.

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