La custodia compartida de un animal no humano

Artículo en la página 50 de la revista Ethical Magazine.

En mi artículo publicado en la revista Ethical Magazine de este mes de Diciembre plasmo la posible problemática que se puede presentar, ante un divorcio o separación, cuando la pareja ha adoptado un animal no humano durante el tiempo en que han estado juntos.

Tras 13 años casados, mi mujer y yo vamos a divorciarnos. Adoptamos un perro hace tres años. El chip va a nombre de ella y lo que más me preocupa es que no me permita volver a verlo.

Es fundamental que, en estos casos, se busque un/a abogado/a con cierta sensibilidad hacia los demás animales. De lo contrario, podemos encontrarnos en una situación total de indefensión (debe quedar claro que durante los estudios que realizamos los/as abogados/as previos a empezar nuestro ejercicio de la profesión, no se hace hincapié en el Derecho Animal, por lo que quien quiere formarse en ello, tiene que hacerlo por su cuenta).

En segundo lugar y para tranquilizar a algunas personas, diré que por fin muchos/as de los jueces/zas entienden que un animal no humano puede llevar un chip en el cuál solo constan los datos de un humano, pero que esto no significa que el animal sea propiedad (legalmente hablando) de esa sola persona, sino que se entiende que si la pareja forma una comunidad de vida y se integra a esa vida otro animal, éste pasa a formar parte del núcleo familiar de la pareja, siendo la propiedad del mismo compartida (salvo prueba en contrario). Por ello, que el perro vaya chipado a nombre de nuestra ex pareja no significa que ya no podamos volver a verlo porque esa otra persona tenga total potestad sobre él.

Por lo tanto, será posible que, tras la separación o el divorcio, se solicite una tenencia compartida de dicho animal. Existen ya antecedentes jurisprudenciales favorables, como es la Sentencia de 7 de octubre de 2010 dictada por el Juzgado de 1ª Instancia número 2 de Badajoz en el procedimiento 813/2010. Además, ya no es una mera anécdota el hecho de que en los convenios reguladores se disponga minuciosamente un régimen de visitas para un perro, un gato, un hurón… Entendiéndose al animal como cosa, algo que sí debemos lograr cambiar pero que, mientras no lo logramos, hemos de usar a nuestro favor. Está claro que es imposible dividir un animal para que cada parte de la ex pareja se quede con la mitad, así que debemos demostrar la copropiedad del mismo por parte de cada integrante de la ex pareja para poder regular una tenencia en periodos iguales. Asimismo, los gastos deberán ser compartidos por ambos humanos.

Todo esto es extensible a la ruptura de una pareja de hecho, hecho al que se aplica normativa sobre divorcios por analogía.

En caso de no existir acuerdo entre las partes encontrándonos ya en un procedimiento judicial, el juez podría decantarse por una o por otra y otorgar la posesión del perro a una de las dos personas. Por ello, es muy recomendable acudir siempre a un/a profesional que sea partidario/a de la mediación en este tipo de conflictos para, con tiempo, paciencia y dotes de mediador/a, lograr un entendimiento mínimo entre los litigantes.

Por lo mencionado en este artículo, mi consejo a quienes estáis leyendo esta publicación, es que si adoptáis un animal (ni contemplamos la posibilidad de comprarlo, entiendo, por no ser ético comercializar con la vida de nadie) solicitéis a la asociación a la que se lo adoptéis que el contrato esté a nombre de ambos. También se puede firmar un documento inter partes (entre la pareja) en el que quede constancia de que “x día, en x municipio, el Sr. xxx y la Sra. Xxx reconocen ser copropietarios del animal xxxx”. Es importante prever este tipo de conflictos, en vez de esperar a que sucedan. Solo así el animal y nuestro derecho a velar por él, estarán a salvo.

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