Convivencia vecinal y convivencia entre especies

Artículo en la página 62 de la revista Ethical Magazine.

Considero de gran importancia que todos/as conozcamos los derechos que tenemos, tanto nosotros como los animales no humanos, a la hora de convivir en una Comunidad de Propietarios para que todos/as puedan apelar, como hago yo en el artículo de la revista número 13 de Ethical Magazine, al sentido común y a los derechos individuales de cada uno/a, prevaleciendo por encima de todo.

Es por todos/as conocida la problemática que a menudo surge en una Comunidad de Propietarios cuando alguien vive con otro animal, especialmente cuando hablamos de perros.

La legislación es muy clara en este asunto, pero el sentido común, el civismo y el respeto hacia los demás también lo son. Por ello, a veces sorprende cuántos problemas puede ocasionar en la convivencia vecinal el hecho de que alguien decida compartir su vida con un perro.

Para empezar, voy a apelar al sentido común, el civismo y el respeto hacia los demás. Es obvio que no todos/as los/as humanos/as toleramos por igual la presencia de un perro. Quienes los queremos y disfrutamos de su compañía, debemos ser cuidadosos/as para que el resto se sientan lo menos incomodados posible con nuestro amigo. ¿Por qué? Porque hay gente que nunca les haría daño, gente que los respeta pero que les teme o se quiere proteger de su alergia, por poner ejemplos cuotidianos. Ante estas situaciones, si la otra persona es educada y nos pide subir al ascensor sin coincidir con el perro, le debemos ceder el paso y subir nosotros/as con posterioridad. Estos pequeños detalles solucionarían más del 50% de los conflictos que en Comunidades de Propietarios surgen a raíz de la presencia de un perro en una de las viviendas que la integran.

En segundo lugar y para conocimiento de quienes sufren algún tipo de acoso (sí, suele derivar en acoso por parte del resto de vecinos) por parte de otros miembros de la Comunidad para forzar la desaparición del perro de la finca, vamos a aclarar ciertos puntos: la ley de protección animal no prohíbe la tenencia de perros en viviendas privadas. Tampoco la Ley de Propiedad Horizontal. De hecho, ninguna ley lo prohíbe. Lo que sí se regula de forma municipal es la cantidad de animales, de qué especies, en qué condiciones, etc. se puede tener en una misma casa, así como en qué casos es necesario solicitar un núcleo zoológico. Llegados a este punto, la mayoría estaréis pensando “¿Y los estatutos de la Comunidad? Sí, existen y pueden recoger la prohibición de vivir con otros animales siempre y cuando la decisión se tome por unanimidad y en una finca en la que no viva ningún animal no humano (y, aun así, podría verse impugnada la decisión ante un juez). Por este motivo es importante hablar de este asunto con el propietario del inmueble si se está de alquiler, porque quién tiene derecho a voto en las juntas de vecinos es el propietario y su voto en contra de dicha decisión es fundamental para que no se consiga esa unanimidad.

No olvidemos que los derechos individuales de cada uno/a de nosotros/as prevalecen, motivo por el cuál podremos impugnar cualquier decisión adoptada en una junta que transgreda esos derechos. Entonces, ¿cuándo puedo tener problemas reales y riesgo de ser obligado/a a irme con el perro con el que vivo a otro sitio (porque obviamente no se contempla el “deshacerse” del perro)? Cuando existan molestias reales causadas directamente por el animal a terceros, sean molestias personales o patrimoniales. ¿Qué es una molestia real? Principalmente los ruidos y sobre todo si son nocturnos (recordemos que la Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 40 decibelios en horario nocturno). También los olores o ciertos problemas de agresividad que pueda sufrir el animal. Sobre todo, debemos ser cautelosos en las zonas comunes.

La Justicia no defiende las intromisiones ilegítimas en el ámbito privado de cualquiera de nosotros/as, por lo que no debe preocuparnos que nuestro problema con el resto de vecinos/as llegue a los Tribunales siempre y cuando estemos seguros de no estar causando ninguna molestia real en nuestro día a día con nuestro perro (si realmente existieran dichas molestias, podríamos ser condenados al pago de cantidades importantes para indemnizar a los vecinos). Incluso prohibiciones como la de pasear con el perro por el jardín de la Comunidad, subir con él por el ascensor, subirlo a la terraza comunitaria… son impugnables y, de hecho, deben ser impugnadas. El perro con el que vivimos es miembro de la Comunidad, así como lo son el resto de miembros de nuestra familia. Tienen derechos y obligaciones/prohibiciones. No podemos permitir que nuestro perro micciones en las zonas comunes, así como tampoco podríamos hacerlo nosotros/as mismos/as. Es decir, que todo lo que escape del sentido común y la igualdad entre nuestro perro y cualquier humano/a que habite en la Comunidad, debe ser impugnado para lograr un trato igualitario para todos/as.

El civismo nos incluye a todos/as, sin importar nuestra especie. Por ello, debemos responsabilizarnos de los animales con los que vivimos, trabajar para que sean animales equilibrados y educados, que respeten a los/as demás, pero de la misma forma debemos exigir ese respeto hacia ellos por parte del vecindario.

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